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La liberación de Mandela y su elección como pesidente fue el inicio de un proceso de cambios que no ha logrado aún desterrar las diferencias raciales del país.

La liberación de Mandela y su elección como pesidente fue el inicio de un proceso de cambios que no ha logrado aún desterrar las diferencias raciales del país. | Foto: EFE

Publicado 17 junio 2020


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Aunque la figura de Nelson Mandela fue imprescindible para el desarrollo de un movimiento antiapartheid en África, con el fin legal de ese sistema segregacionista comenzó un necesario proceso de cambios.

El 17 de junio de 1991 el Parlamento de Sudáfrica suprimió el régimen del Apartheid, una de las cuestiones que marcaron la historia de las luchas sociales en el mundo.

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El apartheid fue legal desde 1948, año en que el Partido Nacional ganó las elecciones. Se trató de un sistema impulsado e institucionalizado por descendientes de los antiguos colonos holandeses.

Consistió en la creación de lugares separados, tanto habitacionales como de estudio o de recreo, para los diferentes grupos raciales, en el poder exclusivo de la raza blanca para ejercer el voto y en la prohibición de relaciones entre blancos y negros.

A 29 años del junio histórico en que se dieron pasos definitivos hacia un futuro libre de apartheid en Sudáfrica, preocupa que aun queden remanentes sociales de esa política.

Al respecto, el investigador y licenciado en relaciones internacionales Ernesto Teuma, destacó en exclusiva para teleSUR que el gobierno del Congreso Nacional Africano (ANC) y el liderazgo de Nelson Mandela desmontaron las estructuras de segregación política, pero se preservaron la separación económica-social del apartheid y la concentración de la propiedad y la economía en manos de una minoría blanca.

“Este régimen de exclusión política y de derechos, de clasificación por categorías raciales y supremacía blanca con esta primera acepción ya no existe. Sin embargo, una segunda forma de definir el apartheid lo coloca dentro de una historia de desposesión colonial que se proyecta más allá del ‘94 y permanece como una cicatriz, como una huella, mucho más allá de las políticas e instituciones y leyes que le dieron forma”, destacó.

La geografía racializada persiste hoy a pesar de los sucesivos gobiernos de la ANC que han intentado políticas redistributivas, pero dentro del marco del consenso neoliberal. “Persiste hoy el hecho rotundo de que el 80 por ciento de la tierra cultivable todavía pertenece a un puñado de campesinos blancos”, detallóTeuma.

Señaló que las compañías mineras sudafricanas todavía sigan sustancialmente en las mismas manos y los espacios urbanos de la Sudáfrica post-apartheid siguen manteniendo la huella en términos de servicios sanitarios deficientes, falta de electricidad, falta de agua, vivienda de mala calidad que tuvieran en la geografía segregada.

“Dejó una huella material muy rotunda, que todavía no ha sido borrada y que producto de visiones sobre política económica, sobre proyectos de nación y su construcción todavía no ha sido del todo superada", destacó.

Visto de esta forma, Teuma aseguró que el apartheid no es una aberración sudafricana sino la expresión de una tendencia más general del mundo colonial y dependiente.

Black Lives Matter y el legado africano

Teuma encuentra coherencia entre el proceso de luchas contra el racismo que vive actualmente el mundo, en su punto álgido tras el asesinato de George Floyd en EE.UU., y su relación con África y el apartheid.

Ese continente siempre apuntó el camino de la liberación. "Esto es cierto en prácticamente todos los momentos de la historia. Ya fuera en la búsqueda de sus raíces o en la manera en que apuntaba la descolonización africana de los ‘60 hacia el futuro, hacia la posibilidad de cuestionar los dogmas racistas”.

Sin embargo a medida que la descolonización se complicó después de los 70, y se transformó en un asunto muchísimo más complejo, menos lineal, con mucho retroceso. 

“El triunfo contra el apartheid implica la renovación de una esperanza tremenda en un mundo en que digamos que las utopías han muerto. Sin embargo, esta visión que permanece desde el 94, desde la primera elección democrática, desde el fin del apartheid, no debe cerrarnos en el sentido de que Sudáfrica no solamente un ejemplo positivo, sino que también es negativo en aspectos muy particulares”, detalló.

Como ejemplo, citó el hecho de que en el 2015 el movimiento estudiantil de protesta contra la austeridad financiera de las instituciones universitarias sudafricanas y el incremento de matrícula. Esta iniciativa se convirtió en un movimiento por la descolonización cultural que llevó a la remoción de la estatua de Cecile Rhodes en Rhodes University. Se conoció como el #RhodesMustFall.

“Fueron momentos particularmente interesantes, pues por una breve ventana de tiempo pareció posible cuestionarse no solamente los límites de la transición y el enfoque general de las políticas públicas en la Sudáfrica post apartheid, encajadas en una perspectiva neoliberal”, dijo.

No obstante, no salió del marco de reclamos materiales y no tomó auge para desencadenar un nuevo debate racial en Sudáfrica y el mundo. Sin embargo, la figura del colonialista protagoniza nuevos debates en 2020.

La ciudad inglesa Oxford han tomado la iniciativa y sus habitantes pugnan contra las autoridades para eliminar la figura de Rhodes. Al respecto el consejo de la ciudad ha decidido iniciar un proceso para tramitar el retiro de la figura de sus espacios.

“Veinticinco años después, la sociedad sudafricana es una sociedad profundamente desigual. Ya no tanto interracialmente, aunque todavía los hogares blancos y los hogares negros tienen diferencias sustanciales, sino que la redistribución se ha cambiado a una intrarracial”, destacó Ernesto Teuma.

Señaló que existe una desigualdad dentro de los propios africanos que significa un cambio en las dinámicas sociales, pero también un país con altísimos índices de pobreza, que a pesar de que ha disminuido el nivel de pobreza extrema.

Aseguró que estos elementos dejan enseñanzas para el movimiento de la liberación negra hoy a nivel mundial, en especial EE.UU..

“Vivimos en sociedades marcadas por esa colonialidad del poder, por ese fantasma, por esa presencia del colonialismo y de la supremacía blanca que le dio forma a nuestras sociedades; pero el cuestionamiento debe ir más allá de lo cultural, más allá de lo simbólico hacia las estructuras profundas que determinan la presencia todavía muy actual de ese colonialismo nuevo y viejo”, concluyó el investigador cubano.


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