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El bitcoin forma parte de los nuevos instrumentos financieros.

El bitcoin forma parte de los nuevos instrumentos financieros. | Foto: El Economista

El criptodinero ha nacido como fruto de iniciativas privadas, no tienen país de origen, se intercambian online y se pueden transformar en dinero tradicional.

LA TECNOLOGÍA PATEA EL TABLERO FINANCIERO GLOBAL

El mundo tradicional de las finanzas atraviesa fuertes transformaciones por la expansión de las nuevas tecnologías. Desde la aparición de internet, las innovaciones en el sector financiero han sido importantes. El uso de algoritmos de trading, es decir, operaciones automatizadas de compra y venta de activos financieros sin intervención humana, ya representan el 70% de los movimientos bursátiles.

El uso tradicional del dinero físico es uno de los elementos en donde la tecnología comienza a modificar el campo de juego, por la aparición de más medios de pago electrónicos, como los monederos electrónicos, los pagos a través de celulares y sistemas de biopago (en los que solo se requiere la huella dactilar) que representan importantes avances sobre las ya tradicionales tarjetas de débito o crédito.

Curiosamente, las economías emergentes y las más avanzadas son las que están liderando el traspaso de dinero físico a dinero electrónico. Noruega avanza a grandes pasos en su objetivo de eliminar el dinero físico completamente, mientras que varios países del continente africano, como Kenia, son casos paradigmáticos en la implementación de la moneda electrónica: el 86% de la población ya usa el celular para realizar pagos y enviar dinero.

De todas estas innovaciones financieras, la que apunta a ser más disruptiva son las Criptomonedas.

CRIPTOMONEDAS, UN NUEVO DINERO

El dinero físico no sólo está siendo reemplazado por dinero electrónico, sino que empiezan a ganar protagonismo las monedas digitales llamadas Criptomonedas.

Estas han nacido fruto de iniciativas privadas, no tienen país de origen, se intercambian online en cualquier parte del mundo y se pueden transformar en divisas o en cualquier moneda nacional a través de varias empresas que brindan este servicio en el mundo.

El criptodinero ha nacido como fruto de iniciativas privadas, no tienen país de origen, se intercambian online y se pueden transformar en dinero tradicional.

Las Criptomonedas son, por un lado, un monedero electrónico, porque permiten hacer transferencias o pagos domésticos e internacionales. Por el otro, son una nueva clase de dinero fiduciario: dinero electrónico que sirve como unidad de cuenta y de reserva de valor, como el Bitcoin o el Ethereum entre muchas otras, que funcionan sin la regulación de un Banco Central y que compiten con el dinero tradicional. Hay mucha variedad de criptomonedas, algunas no tienen ningún respaldo en activos (este es el caso de las más importantes Bitcoin y Ethereum), mientras que otras tienen respaldo en otros activos, como el oro o el dólar. En estos casos no crean un nuevo dinero, pero pueden crear “más” dinero si no tienen un encaje del 100% en ese activo. Otras criptomonedas son derivados o tienen respaldo de otras criptomonedas como el Bitcoin, con lo que no crean un nuevo dinero pero crean más dinero.

CADENA DE BLOQUES (BLOCKCHAIN)

Su gran innovación es que emplean una tecnología novedosa, la cadena de bloques (Blockchain), que le permite funcionar sin instituciones de clearing (que compensen, comprueben y liquiden los pagos entre las partes). Esta es la innovación crucial que distingue las criptomonedas, la tecnología que funciona detrás de todas las monedas digitales.

La Blockchain es un libro mayor contable, es decir, un registro de todos los bloques de transacciones que se realizan (pagos y cobros), que a diferencia de un libro mayor común está descentralizado, es decir, localizado en miles de computadoras de todo el mundo. Esta descentralización del registro contable, es la garantía del sistema, porque para validarse una transacción, muchas computadoras tienen que aceptarla en sus registros, por lo que el sistema está liberado de posibilidades de fraude e intervención.

Además del registro de una transacción, la Blockchain puede contener más información en formato digital (smart contracts), como un contrato, el prospecto de un bono y mucho más, por lo que las posibilidades de expansión de una moneda digital son ilimitadas, en especial en lo que respecta a la posibilidad de otorgar créditos a costos mucho más bajos que los de las finanzas tradicionales. Es por eso que esta tecnología está introduciéndose en el mercado de compra y venta de acciones y bonos y en muchos mercados a nivel global.

Para garantizar la seguridad informática del sistema, se requiere que algunos usuarios realicen importantes cálculos matemáticos (minería) en sus servidores para mantener aislado el ecosistema de la posibilidad de hackeos. Estos cálculos se hacen con computadoras que se encuentran prendidas en todo momento y tienen un consumo alto de energía. Los mineros que se esfuerzan en hacer estos cálculos, que permiten validar las operaciones y dar seguridad al sistema, reciben monedas digitales como recompensa. De hecho, en una emisión de criptomonedas parte de la creación de dinero la realizan los mineros gracias a los pagos que reciben por su servicio de validación y registro de operaciones.

Los países donde los costos energéticos son bajos tienen más ventajas para realizar esta tarea de minado, aunque cuando estos costos bajos se deben a subsidios a la electricidad, deben tomarse precauciones en la regulación de la actividad, ya que puede representar un mecanismo indirecto de fuga de capitales. En efecto, los privados aprovechan la competitividad derivada del subsidio a la energía para generar criptomoneda, que luego revenden por dólares en el extranjero. La regulación debería, al menos, procurar que los ingresos derivados de la minería ingresen al sistema financiero y productivo local.

CRIPTOFIEBRE, VALOR INCIERTO Y PERFIL DE BURBUJA

Las criptomonedas más importantes, como el Ethereum y el Bitcoin, que no tienen respaldo ni son derivados de otras monedas o activos, son un nuevo tipo de dinero cuyo valor es difícil de determinar. Son diferentes al dinero mercancía porque no tienen valor intrínseco como el oro, la plata u otros bienes que en el pasado se utilizaban como dinero. En particular, son un nuevo tipo de dinero fiduciario, cuyo valor está basado en la fe[1] como el dólar, el euro, renminbis, pesos, bolívares, etc. cuyo precio no se debe a que el dinero contenga valor en sí mismo (o a que tenga un respaldo en algún activo como el oro que respaldaba al dólar o el dólar que respaldaba al peso argentino convertible). El dinero fiduciario tiene valor porque alguien lo aceptará como medio de pago en algún lugar del mundo. Lo que aumenta la predisposición para aceptar dinero fiduciario, es decir, su valor, es habitualmente la regulación de los bancos centrales que obliga a que sea aceptado dentro de un territorio y a que el Estado lo acepta como medio de pago para cobrar impuestos y servicios. Igualmente, el criptodinero tiene valor porque es aceptado como medio de pago, y es aceptado como medio de pago porque existen mercados para transformar este nuevo dinero en el dinero tradicional que habitualmente utilizamos como euros, dólares, pesos, etc.

Las criptomonedas han aumentado enormemente su valor desde que fueron lanzadas. Este crecimiento se explica por varias razones de demanda y de oferta. Por el lado de la demanda, estas monedas son requeridas por atributos que son apreciados por los usuarios de las criptomonedas, como la seguridad, el bajo coste de transacción y, especialmente, el anonimato, ya que las criptomonedas permiten hacer transferencias sin revelar la identidad. Este anonimato permite mantener a los tenedores de criptomonedas lejos de la órbita de control del Estado y es uno de los atributos que más explotan las criptomonedas en sus campañas promocionales. Bitcoin es pseudoanónima, porque le ha entregado información a los juzgados en casos de lavado u otros. El criptodinero Z-Cash, por ejemplo, se jacta de usar una tecnología de encriptado llamada “conocimiento-cero” que le permite garantizar la privacidad total de la información.

Otra fuente importante de valor es la escasez, al menos en el caso del Bitcoin. Esta empresa solo se emitirá una cifra fija de 21 millones de Bitcoins, por lo tanto, a medida que aumente la utilización del Bitcoin como medio de pago o de reserva de valor, su valor aumentará como resultado matemático de confrontar una demanda creciente con una oferta rígida. Otras monedas, como Ethereum por ejemplo, pueden expandir la cantidad de dinero lanzando más oferta al mercado lo que genera pingües beneficios a los vendedores e incertidumbre en la valorización debido a la desconfianza en el cumplimiento de los compromisos de emisión.

Existen casos de emisiones de criptomonedas sospechadas de fraude vinculado a la emisión, es decir, en los que los organizadores han provocado una valorización inicial alta del criptodinero a través de diferentes trucos, por ejemplo, limitando la liquidez inicial de criptomoneda, para luego de la venta inicial ofrecer mayores cantidades con lo que provocan grandes pérdidas a los apostadores participantes de la ICO (Oferta Inicial de Monedas). Tal es el caso del lanzamiento de la criptomoneda Z-Cash, que pasó desde cotizar 2.500 Bitcoins en el lanzamiento a 7 Bitcoins o menos en poco tiempo después.[2]

Una característica adicional de todas las criptomonedas es la elevada volatilidad de sus precios. Las razones de esta volatilidad deben hallarse en los aspectos mencionados, a los que se suman una fuerte competencia derivada de los nuevos lanzamientos de criptomonedas que añaden nuevas innovaciones tecnológicas y, sobre todo, a la elevada dependencia que tiene el criptodinero respecto a las regulaciones que imponen los gobiernos. Es muy frecuente observar que las cotizaciones suben o bajan un 30% por semana sin que nadie se altere demasiado, sugiriendo que este es un mercado dirigido a jugadores exploradores dispuestos a correr grandes riesgos. De todos modos, a sabiendas de la predisposición del mercado financiero para correr riesgos y de los costos que esto le imprime a los inversores desprevenidos y al sistema financiero, el gobierno Chino comenzó a precautelar estos intereses. En septiembre prohibió que las empresas obtuvieran financiamiento a través de la emisión de criptomonedas lo que provocó pánico entre los inversores y una caída del Bitcoin desde aproximadamente 4.000 a 3.500 dólares mientras que el segundo mayor jugador Ethereum cayó desde 340 a unos 280 dólares.[3] En febrero pasado el Banco Central de China amenazó con cerrar las plataformas de cambio de criptodinero por incumplir las normativas que previenen de blanqueo de dinero, considerando que eran un mecanismo utilizado para fugar divisas y la respuesta fue similar, una caída del 9% de la cotización.

La valorización de las principales criptomonedas tiene el perfil de burbuja financiera. El Bitcoin inició su recorrido valiendo menos de un centavo de dólar en su lanzamiento en 2009 hasta llegar a cotizaciones que han superado los 4.000 dólares en septiembre de 2017 a pesar de la prohibición anunciada por el Banco Central de China. Ethereum, la segunda criptomoneda de acuerdo a la capitalización bursátil, tuvo un raid de precio más descollante aún, partiendo desde valores en torno a 10 USD por Ether (es la denominación de la moneda) hasta 400 en agosto y en torno a 290 en septiembre.

Es evidente que esto seguirá siendo así porque en definitiva, su aceptación depende de las regulaciones que los países realicen sobre el funcionamiento de una moneda y estas regulaciones obedecen a razones no mecánicas.

El crecimiento sorprende incluso al menos desprevenido. Actualmente hay más de 600 criptomonedas (de las cuales el portal worldcoinindex muestra la cotización de 537).[4] Entre las más importantes de acuerdo a la capitalización bursátil se ubican en orden de importancia Bitcoin, Ethereum, Ripple, Dash, Litecoin, Omisego y Monero, todas con cifras superiores a los mil millones, pero este ordenamiento es provisorio porque el tablero se mueve continuamente.

Muchas empresas están aprovechando la criptomoda para lanzar ICOs y obtener financiamiento. La capitalización de las criptomonedas suma ya 150 mil millones de dólares, de las cuales Bitcoin concentra aproximadamente la mitad.[5] Más de 60 nuevas emisiones en China durante 2017 han encendido las alarmas del Banco Central de ese país, que ha mostrado preocupación por el riesgo que involucran estas operaciones y el perjuicio que podría ocasionarle a los desprevenidos y al sistema financiero. En base a estos riesgos está tomando medidas correctoras.

Japón, por el contrario, se muestra como el país más permeable a esta innovación financiera y es. En abril pasado modificó su ley de servicios de pago promulgando una ley sobre moneda virtual, aceptando algunas de las criptomonedas como medios de pago legales (además exceptúa las transacciones en criptomonedas del impuesto al consumo) y activos que pueden comprarse y venderse, aunque a cambio ha establecido una regulación más rígida que, por ejemplo, impone obligaciones de registro, de capital mínimo y penaliza las conversiones de critpomoneda a yenes. Adicionalmente, un consorcio de bancos japoneses están preparando el lanzamiento de una nueva criptomoneda, el J-coin, que será plenamente convertible uno a uno en yenes. Quizás el mayor objetivo que Japón persigue para avanzar rápidamente en este mercado, es el de combatir la alta preferencia japonesa para manejarse en efectivo y los costos involucrados en el manejo de efectivo vinculados a transporte, seguridad y auditoria.



[1] Se lo denomina dinero fiduciario porque su valor está basado en la fe (fidus) de que será aceptado como medio de pago.

[2] https://cryptohustle.com/zcash-launch-breaks-records

[3] https://www.preciooro.com/china-prohibe-criptomonedas-como-bitcoin.html

[4] https://www.worldcoinindex.com/

[5] Por capitalización se entiende la multiplicación de la cantidad de dinero por su valor en dólares. https://criptonoticias.com/mercados/precios-criptoactivos-suben-mientras-mercados-valores-retroceden/#axzz4tqFtH0tN

Artículo publicado en http://www.celag.org/criptofuturo-parte-i/


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