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Un manifestante herido es atendido por un voluntario de la Brigada durante una manifestación.

Un manifestante herido es atendido por un voluntario de la Brigada durante una manifestación. | Foto: Fernando Lavoz

Publicado 26 noviembre 2019





El fotógrafo Fernando Lavoz narra con imágenes y textos la violencia policial en las protestas antigubernamentales en Chile.

La policía dispara a los ojos y la cabeza repiten los socorristas cuando llegan los heridos. Son muchas las personas atendidas en las calles, se habla de una “crisis sanitaria” que miles de voluntarios en todo Chile buscan revertir, ya van mas 30 días de protestas continuas.

El ataque a los puntos de ayuda es cotidiano. Balines, perdigones, lacrimógenas, gas pimienta, golpes, detenciones, obstrucción a las atenciones y a la llegada de las ambulancias. Hace unos días las fuerzas policiales atacaron con el carro lanza aguas y disparos de armas anti disturbios al personal del SAMU (Servicio de atención Médica de Urgencia) que en esos momentos reanimaba al joven Abel  Acuña en Plaza Italia hoy denominada “Plaza la Dignidad”, el resultado:  una funcionaria herida con perdigones y la muerte de Abel.

Casco con una cruz roja perteneciente a un voluntario. La policía de las fuerzas especiales atacan a los voluntarios de las brigadas de primeros auxilios que ayudan a los manifestantes heridos durante las manifestaciones antigubernamentales.

Jorge

Jorge tiene 29 años, es un joven médico. Cuando comenzó el estallido social en Chile decidió junto a un grupo de compañeros de trabajo organizar una Brigada de Primeros Auxilios Básicos y Psicológicos para asistir a los heridos en las protestas: “era un deber, es importante que las personas tengan dignidad en su lucha diaria”.

El 29 de octubre luego de una multitudinaria marcha pacífica y familiar realizada en la ciudad de Osorno, fuerzas especiales de carabineros se encargó de disipar a los manifestantes mediante el uso de gas lacrimógeno y disparos de balines.

Cerca de las 20:30 horas,  Jorge junto a otros voluntarios, dieron asistencia a una joven herida. “Escuchamos a varias personas gritar por ayuda en un  callejón,  corrimos y nos encontramos con una joven de unos 23 años con 9 impactos de balines, tendida en el piso, llorando. Llamamos a la ambulancia y la ayudamos”.

Luego de brindar los primeros auxilios y dejarla en el vehículo de salud la brigada  se dirigió a la plaza de la ciudad para repartir los insumos, ordenar los botiquines y organizarse.“Lo hicimos en la calle, de pie, frente a los policías que nos miraban a 10 metros, en una zona amplia e iluminada”.

Decidieron dividirse  en duplas y recorrer el perímetro. Al cruzar la calle y a pocos metros de distancia fueron atacados por la policía que disparó a Jorge y a Bárbara sin mediar provocación y sin aviso.

Jorge muestra la radiografía donde se observa el balín alojado en su cabeza.

"Lo recuerdo en cámara lenta. Nosotros cruzando la calle, Fuerzas Especiales caminando hacia nosotros, deteniéndose a cinco metros, el sonido de los disparos, sentir un golpe en la cabeza, mis lentes en el piso, ver como Bárbara levantaba las manos mientras se arrodillaba, ver como todos llegaban a ayudarnos, Bárbara en el piso tocándose la cabeza y su mano ensangrentada, yo tratando de revisar donde estaba su herida, la sangre bajando desde mi cabeza hacia mi cuello”.

Son muchas las personas atendidas en las calles, se habla de una “crisis sanitaria” que miles de voluntarios en todo Chile buscan revertir, ya van más de 30 días de protestas continuas. 

La policía dispara a los ojos y la cabeza repiten los socorristas cuando llegan los heridos.

Un manifestante herido es atendido por un voluntario de la Brigada durante una manifestación.

Bárbara

Bárbara tiene 28 años, es la menor de cuatro hermanos, es terapeuta ocupacional, trabaja en el área de psiquiatría con la idea de re- significar la salud mental. Forma parte de la brigada de voluntarios, fue atacada a quemarropa por carabineros  junto a Jorge, recibió un balín en la cabeza después de ayudar a una joven herida. 

 “Ya no había toque de queda, no cometimos ningún delito y no recibimos ninguna advertencia. Perdí la confianza en el protocolo policial, la intervención de salud era para todos”.

“Aparte de mi miedo, está el temor de mi familia. De apoco me estoy recuperando. Siempre hay gente que ayuda, yo creo que con este movimiento social ha crecido la empatía, nos estamos reconociendo.“

Jorge y Bárbara fueron atacados por la espalda, directamente, sin aviso y a pesar de llevar distintivos que los identificaban como trabajadores de la salud, no había cerca de ellos ningún manifestante.

La fragilidad de la vida, la vulneración, la violencia desmedida es lo que estos voluntarios encuentran cada día cuando salen a la calle. Pero la solidaridad va creciendo. Gente anónima realiza donaciones, les  lleva insumos médicos, comida, café.
La fragilidad de la vida, la vulneración, la violencia desmedida es lo que estos voluntarios encuentran cada día cuando salen a la calle. Pero la solidaridad va creciendo. Gente anónima realiza donaciones, les  lleva insumos médicos, comida, café.
Miembros de la brigada son atacados por la policía de fuerzas especiales con gas lacrimógeno y gas pimienta.
Una voluntaria muestra a la policía una pañoleta con una cruz roja para impedir que le disparen a los heridos durante una protesta.
Miembro de la brigada que acaba de ser atacada por la policía con gas pimienta. Aumentan cada día las denuncias de múltiples organismos internacionales. Amnistía internacional ha dicho que “La intención de las fuerzas de seguridad chilenas es clara: lesionar a quienes se manifiestan para desincentivar la protesta."
Un miembro de las Brigada de Primeros Auxilios Básicos y Psicológicos levanta sus manos frente al paso de la policía de fuerzas especiales para evitar que la posta sanitaria sea atacada.

Al exterior de  la catedral hay una improvisada estación sanitaria la que varias noches seguidas ha sido gaseada por Fuerzas Especiales mientras los voluntarios atienden a los heridos.  Les botan los insumos médicos, los atacan y los hostigan.

“Seguimos con miedo, con desconfianza”, dice Viviana, “ no sé si voy a resultar herida, detenida o si voy a volver a mi casa. Tenemos un enojo grande, un malestar, no nos sentimos cuidados. Pero si alguien de nosotros se ve afectado lo defenderemos.”


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