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Contra el legado histórico, cultural y científico, la política neoliberal pasó a la descuartización o adecuación de los saberes.

Contra el legado histórico, cultural y científico, la política neoliberal pasó a la descuartización o adecuación de los saberes. | Foto: Pixabay

Publicado 13 septiembre 2018
Las universidades son presionadas a asumir las premisas del capitalismo neoliberal, incluyendo la mercadotecnia en su promoción.

El sistema de educación superior en México se sustenta por un conglomerado de instituciones históricas públicas y privadas sobre las cuales se empoderó finalmente el gran capital.

Entre las partes que lo componen destaca el crecimiento desmedido de la educación privada, a cuya vanguardia están instituciones como la Universidad Iberoamericana o el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, sin olvidar la presencia de monopolios-universidades de los países imperialistas. La educación privada resulta más rigurosa y abiertamente capitalista que las configuradas bajo el manto del Estado, en razón de su entera conexión con la gran empresa, siendo hoy el emblema de las perspectivas neoliberales en la materia. Este tipo de instituciones suelen ser capitalistas por los procesos a que se adhiere la educación como negocio, y burguesas por la naturaleza misma de la enseñanza que se imparte.

La otra parte, en líneas generales, es la educación pública, en que prevalecen instituciones como la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional, las grandes universidades públicas de la Ciudad de México, las universidades autónomas estatales, la Universidad Pedagógica Nacional, las universidades militares, la Universidad Autónoma de Chapingo, las escuelas de artes, las normales urbanas y rurales [1]. Con importantes éxitos para la derecha, se les viene cambiando sus normativas para que se vuelquen al negocio de la educación, así como que despeguen en el sentido de la ideología burguesa.

Su autonomía es relativa en torno a su administración interior y diseño de programas, no obstante, están entrelazados a los intereses del Estado-nación y a sus dinámicas internas, algunas como grandes espacios del poder del saber. La diferenciación entre las instituciones públicas sigue igualmente la trayectoria de las que fungen como empresas privadas, el Estado descapitaliza algunas que desde hace varios años atraviesan por crisis financieras en los estados en que debiese haber prioridades presupuestarias, lanzándoles a una competencia de la cual no pueden salir bien libradas, para ser asimiladas al complejo mecanismo privatizador. Tal situación de reducción de recursos ocurre con las universidades autónomas estatales y las normales rurales.

En conjunto este es el arco en que se instaló el paradigma general de educación universitaria propietaria del saber, hacia el desarrollo, legitimación y sustentación de la sociedad capitalista, de sus conflictos, de sus relaciones, su sentido de dominación cultural e ideológica.

Por lo que se refiere a sus políticas institucionales y la construcción a que dieron lugar, así como de sus tendencias propias; las universidades son presionadas a asumir las premisas del capitalismo neoliberal, incluyendo la mercadotecnia en su promoción.

Este universo naturalmente es más complejo, su historia se desenvuelve según los procesos del capitalismo y la lucha de clases por educación, vinculando conocimiento, aprendizaje, métodos e intereses de las diversas clases y sectores sociales. Es claro que las universidades, sus sectores integrantes, siempre dieron muestras de grandes luchas por elevar los niveles de formación y desarrollo del país; enfrascadas ineludiblemente en los antagonismos generales y los del plano educativo, son fuente de resistencia contra su entera mercantilización.

Contra el legado histórico, cultural y científico, la política neoliberal pasó a la descuartización o adecuación de propósitos en los saberes y profesionalización, así mismo animó la individualización, elitización, tercerización de servicios, franquicias de servicios universitarios, feudos, lucha de poderes, degradación de la enseñanza, la exclusión económica, y la minimización de los contenidos humanísticos. Resultando una profunda crisis de la educación superior que se adentró en los intereses económicos capitalistas, en la promoción del modo de vida burgués y clasemediero.

A las universidades públicas se les reprime de muy diversas maneras para acallar voluntades, acciones y pensamientos. Además de abocarse el sistema a una represión de muy diversos tonos, pero siempre presente en todas estas instituciones (Secretaría de Gobernación, Procuraduría General de la República, cuerpos policiacos), siguiendo el hilo del poder. Hasta el más vulgar de los porrismos se instaló como elemento teledirigido por autoridades universitarias o de ciertas dependencias estatales, para mantener sus espacios en la paz neoliberal mediante el terror contra los estudiantes. Resulta evidente el contubernio, la complacencia, protección y encubrimiento del porrismo por parte de autoridades universitarias y el Estado de forma sistemática contra todo reclamo estudiantil.

Por su parte el conjunto de escuelas normales, soportan la mayor carga en la formación de docentes para la enseñanza básica, aunque en estas circunstancias han proliferado las escuelas particulares de educación normal, y la formación de educadores en las grandes universidades. En este sentido, el neoliberalismo no está en las raíces de la educación mexicana, ni de su pedagogía; el sentido educativo histórico, legado mucho tiempo atrás es popular, masificador, solidario, universalista y formativo del ser humano para la vida en sociedad y comunidad.

El capitalismo en su desenvolvimiento neoliberal ha hecho de las universidades y demás instituciones de enseñanza superior, ejes de trasmisión del comercio en la educación y para la ideologización de su cultura dominante. En este sentido el comportamiento de las élites universitarias dista mucho del puro interés académico o cultural, entrelazándose con los fines y negocios del capital, transformándose en capas aristocratizadas que detentan presupuestos y constriñen toda posibilidad de cambio democrático en su seno.

El sistema de educación superior e incluso las instancias de educación universitaria alternativa, bajo la intensa actividad estudiantil, académica e intelectual, que contribuyeron al empuje cultural, académico, social y científico del país; hoy están en una difícil condición ya sea por su constricción o por el férreo control de las élites, las burocracias, el Estado y la política de gran empresa.

En la actualidad es necesaria una ardua batalla ideológica y política de largo aliento, desde los movimientos estudiantiles y magisteriales, como condiciones para debilitar el poder tecnocrático que rige la enseñanza superior y las redes en como ésta se sostiene. Estas luchas y estos sujetos sociales de cambio, históricamente establecen bases de una auténtica revolución y democratización en su seno, contra el tradicional adoctrinamiento en torno a las prácticas y el pensamiento dominante formador de sus reproductores.

 

[1] Existen cerca de tres mil ochocientas instituciones de educación superior operando en el país.


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