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Alfredo Serrano
Alfredo Serrano

Es Doctor en Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona, con PosDoctorado en Economía en Universidad Laval (Canadá). Director del Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico. Profesor Universitario Posgrado en FLACSO (Ecuador), Universidad Andina y UMSA (Bolivia), Universidad Hermosillo y UNAM (México), Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (España), Universidad Santa Marta (Colombia).

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Crear un buen eslogan es siempre más fácil que estabilizar la economía de un país en un ambiente de fuerte restricción externa.
Desde que la correlación de fuerzas políticas en la región es cada vez menos favorable al campo conservador, se fueron aplicando métodos no democráticos para ganar el terreno que se iba perdiendo por la vía electoral. Nadie olvida en Paraguay y Honduras la destitución golpista a presidentes electos, al igual que ocurriera con Dilma en Brasil. O el intento de acabar con la revolución venezolana por cielo, mar y tierra. O el golpe contra Correa para sacarlo del poder. O la desestabilización permanente contra Evo Morales y la Asamblea Constituyente en Bolivia. 
Confundir el periodo de gobierno y gestión con la etapa de campaña electoral es un error que se suele pagar caro.
En estos años en los que muchos hablan de fin de ciclo, podemos asegurar justo lo contrario: está surgiendo otro ciclo, tal vez más sosegado, pero que puede volver a dar otro salto adelante en la Historia latinoamericana.
La razón de ser de este nuevo grupo es el intento de acabar con otros dos espacios en la región: UNASUR y CELAC. Frente a una agonizante OEA y una Alianza del Pacífico que no logra despegar, el Grupo de Lima es la fórmula elegida como instancia política regional para instaurar el orden conservador.
Estamos ante otra fase histórica del siglo XXI en esta “América Latina en disputa”. Lo electoral cuenta pero no es el único camino elegido para acabar con el ciclo progresista.
Desde que llegó Rafael Correa a ser Presidente, en una década, se convocaron un total de siete consultas. En los treinta años previos a su mandato, sólo se llevaron a cabo seis consultas.
El desconocimiento del conjunto de acciones orquestadas desde múltiples ámbitos en contra de la economía venezolana resta rigor a cualquier tipo de análisis. Dejar de lado lo que Venezuela está afrontando en forma de multi-agresión permanente en materia económica es un acto de irresponsabilidad deliberada.
Si sumamos todo lo que ha sucedido en clave electoral, en presidenciales, en el llamado bloque progresista conformado desde el siglo XXI (Venezuela, Argentina, Brasil, Nicaragua, Uruguay, Bolivia y Ecuador), hubo 24 victorias y una única derrota, la de Macri frente a Scioli.
A la Revolución Bolivariana le gusta votar. Se vuelve a demostrar que su camino transita obligatoriamente por la vía electoral. Es condición necesaria aunque no suficiente. La democracia para el chavismo es mucho más que el acto de votar.