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Carlos Aznarez
Carlos Aznarez

Periodista argentino en medios de prensa escrita y digital, radio y TV. Escritor de varios libros de temas de política internacional. Director del periódico Resumen Latinoamericano. Coordinador de Cátedras Bolivarianas, ámbito de reflexión y debate sobre América Latina y el Tercer Mundo.

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En sus pancartas el pueblo venezolano hablaba mejor que decenas de manifiestos y declaraciones: "Trump saca tus manos de Venezuela" o sencillamente, apelaban a la historia dolorosa del continente: "Yanquis go home". Esa consigna que el gran Alí Primera hizo que en una prolongada época del pais, la entonaran como un himno gentes de todas las edades.
Hubo un momento de la historia militar venezolana en que la FANB se leía en plural ya que la idea era dividir a las tres armas en pequeños territorios diferenciados para que cada cual no colectivice su trayectoria con la otra parte. El concepto pertenece al ministro de Comunicación, Ernesto Villegas, quien fue el primer orador del evento, paradógicamente un civil entre tantos militares."Era claro, necesitaban dividir a los militares para dividir la Nación", agregó. Fue siempre así, hasta que llegó el Comandante Hugo Chávez "y mandó a parar". A partir de ese momento esta fragmentación terminó y las tres siglas, sin desaparecer, pasaron a formar parte de un solo cuerpo, la FANB, en singular.
Avidos de información de primera mano sobre el destino del proceso revolucionario, quienes llegaron de lejos pudieron escuchar en la voz de la presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente, Delcy Rodríguez, del canciller Jorge Arreaza y de Adán Chávez, expresiones de puro agradecimiento por la infinidad de acciones llevadas a cabo en el exterior en apoyo de lo que varios oradores caracterizaron como "punto fundamental de dignidad y resistencia". De esas adhesiones y de la necesidad de reforzar lo que ya existe as que surge la lógica consigna de que "Todos y todas somos Venezuela".
Fue Gendarmería la que secuestró a Maldonado, la que lo golpeó y la que lo hizo desaparecer. 
La parte discursiva estuvo esta vez, por decisión de todos los organismos de Derechos Humanos convocantes del acto, a cargo de varios integrantes de la familia de Santiago. Todos ellos homenajearon la ternura, el amor por la naturaleza y el espíritu comprometido y solidario del joven desaparecido, pero fue Sergio, quien puso el dedo en la llaga y arremetió contra las mentiras del Gobierno sobre el caso y las defecciones visibles de la investigación oficial.
A pesar de todos ellos, el nombre de Santiago Maldonado es ya un símbolo de hartazgo ante tanta mentira y prepotencia oficial. Es como esos ríos incontenibles que buscan la salida al mar y no hay dique que pueda contenerlos.
Junto al “No tenemos miedo” (el lema que presidió la marcha) otros carteles artesanales decían a su manera: “Basta de guerras contra los pueblos”, “Basta de muertes producidas por la invasión de ejércitos imperiales”, “Basta de trasnacionales europeas que provocan hambre y miseria en el Tercer Mundo”

Como en los viejos tiempos en que América Latina estaba plagado de dictaduras militares y los encuentros de ejércitos de la región se hacían una costumbre para planificar nuevos operativos del Plan Cóndor, los nuevos aires derechistas que soplan hoy en el continente vuelven a generar escenarios más que inquietantes. En todos ellos, las excusas son casi las mismas que en los años 70-80: el narcotráfico, el terrorismo y los delitos trasnacionales, a los que ahora se agrega la ciberdefensa. Detrás de estas llamativas pantallas y en medio del secreto informativo, lo que no se dice es que para ejecutar las políticas económicas y sociales del neoliberalismo, hoy como ayer, es necesario afilar los cuchillos de la represión interna, y para ello nada mejor que el intercambio de Inteligencia entre ejércitos y consultar nuevas técnicas para el modus operandi. 

¿Pero qué enseñanzas y legado deja a los jóvenes de hoy lo ocurrido el 22 de agosto de 1972 en ese confín de la Patagonia argentina?
Derrotados en las urnas por la aplastante masa de más de 8 millones de votos que aprobaron y pusieron en marcha la esperada Asamblea Nacional Constituyente, pero también expulsados de las calles donde daban rienda suelta a sus acciones fascistas, la oposición local e internacional se ve en la obligación de apelar al último gran recurso que les queda a mano.