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Oto Higuita
Oto Higuita

Licenciado en Historia Económica de la Universidad de Estocolmo. Ensayista.

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Este 27 de mayo se cumplen cinco años del asesinato de Juan David Quintana, amigo, camarada, animador de lectura en las bibliotecas públicas de Medellín, líder social y de Derechos Humanos.

Algunos influyentes y gente alternativa, demócratas o de izquierda, muy posicionados en las redes sociales como el Twitter y otras, han venido promoviendo, más que debatiendo, la viabilidad de candidatos alternativos para las próximas elecciones presidenciales (2022-2026), cuando a lo mejor de lo que se trata es de más batalla de ideas y construcción de movimiento ciudadano.

La humanidad cuenta con los medios y las condiciones para controlar el Coronavirus19, que ha causado más de 161.030 muertes y 2.338.335 contagiados.

EE.UU. buscan afanosamente recolonizar el continente latinoamericano, han perdido algunos espacios estratégicos y busca cómo resolver la grave crisis, de causas múltiples, que lo tienen golpeado.

La elección presidencial del 2018 en Colombia se resolvió en la segunda vuelta en favor de Iván Duque quien alcanzó 10.362.080 votos, mientras el candidato de la oposición, Gustavo Petro, obtuvo 8.028.033.

El Estado colombiano ha sido instrumentalizado por la oligarquía con un objetivo, someter a la oposición política e impedir que se conozca la verdad de lo que ha pasado durante sus gobiernos.

Este diciembre se cumple un año largo del gobierno de un presidente inexperto y manipulable, carente de la virtud del Estadista, puesto allí por la alianza de los partidos neoliberales y la extrema derecha que tienen sometida la sociedad a un estado permanente de guerra.

Este movimiento inusual en la historia de los últimos 70 años es el resultado de un estado de malestar acumulado durante varias generaciones; no es un movimiento orgánico ni tiene una dirección única, a la manera de los partidos políticos y por tanto no obedece a partido alguno.

Un fantasma recorre el continente, es el fantasma de la rebelión ciudadana contra la oligarquía, el neoliberalismo y el golpismo que pretende detener la historia que hacen los pueblos.

Los gobiernos de derecha y neoliberales del continente latinoamericano (LATAM) confiaron siempre en la fortaleza de sus regímenes, en la efectividad y durabilidad del modelo económico y, por supuesto, en la paciencia de millones de pobres, de trabajadores, de indígenas, de estudiantes, de campesinos, de afros, los que realmente sufren los efectos devastadores de una política económica que solo beneficia a multimillonarios, a gobernantes corruptos y criminales y a las grandes empresas multinacionales.