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Oto Higuita
Oto Higuita

Licenciado en Historia Económica de la Universidad de Estocolmo. Ensayista.

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Hay una cantidad indescriptible de sentimientos en las fotos, son como un crisol de estados que conmueven a cualquiera, tal vez por ser una de las conductas antiguas más prohibida, juzgada y condenada por la especie humana. 

Juan Manuel Santos no traicionó a Alvaro Uribe, fue leal a su clase, la oligarquía, y se le puede caracterizar como un gran burgués, pues no es otro su origen. Uribe, en cambio, tiene un origen social y económico diferente, es un desclasado proveniente de lo que la sociología llama clase emergente, que en este caso es el narcotráfico y los carteles de la mafia, que invirtieron grandes capitales en la adquisición de tierras.

Con un gobierno títere que confirma el carácter dependiente y sumiso a la orientación del partido Centro Democrático, y las fuerzas que lo llevaron al poder, cuyo proyecto es la restauración neoconservadora y autoritaria del viejo dominio oligárquico en Venezuela y su refundación en Colombia.

Cuando el director del CRIC dice que los camiones cargados en la frontera no debería llamarse ayuda humanitaria porque no cumple con los principios de imparcialidad, independencia y neutralidad, está en lo cierto

Colombia rechazó mayoritariamente los acuerdos de paz en el plebiscito y se muestra dispuesta a una guerra con Venezuela, ¿hay lógica en rechazar la paz interna y promover la guerra externa?

La crisis que atraviesa este gobierno se evidencia en el franco proceso de desprestigio y pérdida acelerada de legitimidad que caracteriza los regímenes oligárquicos que han gobernado al país.

Una de las falencias de la lucha contra la corrupción es la falta de una política pública nacional, de un programa pedagógico que vaya desde el jardín infantil hasta las facultades de enseñanza superior.

Ese es el sueño del movimiento alternativo y la izquierda. Le favorece a la larga porque de no cambiar su rumbo, algo poco probable por el gabinete que nombró y el paquete de medidas que anunció; el deterioro y desprestigio serán más acelerados y el costo de haber llevado a la presidencia un inexperto y prácticamente desconocido, como un as sacado debajo de la manga por Alvaro Uribe, le va a costar muy caro a Colombia.

Desde que llegó a la presidencia en el 2002 con el 53% de los votos, su influencia en la vida política, la economía y la nación no ha parado, aunque hoy es evidente su desgaste.
Ha despertado una amplia ciudadanía, libre, consciente y dispuesta a no callar ni cruzarse de brazos ante la estrategia de miedo.