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Oto Higuita
Oto Higuita

Licenciado en Historia Económica de la Universidad de Estocolmo. Ensayista.

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La intensa guerra de propaganda que se está librando hoy a raíz de la disputa por la presidencia, busca confundir, manipular, engañar y generar miedo, por eso fundamental leer críticamente e informarse bien para evitar ser víctimas del fuego cruzado entre lo que realmente es y lo que no es.

Las elecciones y consultas interpartidistas del 11 de marzo estuvieron marcadas por el fraude, las trampas, compra de votos y constreñimiento al votante, dejando al descubierto lo obsoleto, los grandes vacíos y falta de transparencia del sistema electoral colombiano. No obstante, el caballito de batalla del establecimiento colombiano y sus altos funcionarios sigue siendo Venezuela que cuenta con un sistema electoral elogiado por el expresidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, como el mejor del mundo http://bit.ly/2Itvf27.  

Dos grandes bloques políticos se disputan la presidencia. El bloque dominante, continuísta y tradicional de derecha; y el bloque alternativo de centro-izquierda por el cambio.
La tendencia del continuismo está representada por varias facciones de la élite dominante tradicional; quienes desde una postura liberal apuestan por un gobierno sin cambios sustanciales.
Colombia es uno de los países más violentos y agitados de la región, y está atravesando por una de sus peores crisis política, económica y social.

El principal reto de la sociedad colombiana es terminar la guerra, pues es innegable que sigue existiendo. Pero para lograrlo hay que trascender al gobierno y al Estado mismo, sin embargo, éstos son fundamentales para llevar a cabo este fin histórico.  

Colombia está cambiando lenta e imperceptiblemente, se está transformando. Lo hace arrastrando consigo las viejas tragedias que como un fardo pesado hacen lento y silencioso el camino hacia el cambio.
Las amenazas de Donald Trump diciendo que la opción militar para Venezuela está dentro de los planes del imperio, no representan una ruptura radical con el modelo de dominio que vienen ejerciendo por décadas, y no debe llevar a falsas valoraciones y entrar a hablar de discontinuidad.
Hay dos visiones enfrentadas. Se enfrenta la oligarquía venezolana a un nuevo sujeto y actor surgido desde abajo, popular, mestizo, indígena, afrodescendiente, blanco, empoderado del legado de Hugo Chávez y consciente de su papel como constituyente primario.
La guerra de posiciones en favor o en contra de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en Venezuela arrecia por todos lados, también en Colombia por supuesto, donde el mismo Presidente Juan Manuel Santos acaba de decir que no la reconocerá por su “origen espurio” y que por consiguiente sus resultados no los va a reconocer.