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Itzamná Ollantay
Itzamná Ollantay

Nómada quechua. Hijo de la Pachamama. Activista y defensor reflexivo de los derechos humanos y de la Madre Tierra. Abogado, teólogo y antropólogo de formación en la ciencia occidental.

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El derecho a la rebelión es la facultad que asiste a todo pueblo para autoprotegerse de la tiranía. Este derecho es más antiguo que la noción del Estado moderno o Estado de Derecho.

Las y los analistas políticos bolivianos, en su gran mayoría, aún padecen la resaca del búmeran de sus análisis inmediatos sobre lo ocurrido en Bolivia el 10 de noviembre pasado. A aquella intervención cívico-militar contra un Gobierno constitucional denominaron “sucesión constitucional” (incluso contra los contenidos de la Constitución Política de Bolivia).

En cerca de 14 años de esfuerzo ejemplar, el país se había constituido en un modelo de crecimiento económico regional. Pero, ahora, en cuestión de días de tiranía, Bolivia se está convirtiendo en un “país de la vergüenza” por la vulneración premeditada de los derechos humanos, y destrucción/involución institucional.

¿Qué les motivó a estos indigenistas y feministas a negar lo que el mundo, ahora, constata como Golpe de Estado? ¿Acaso desconocían el concepto básico de lo que es un Golpe de Estado?

Casi un mes después de la consumación del cruento Golpe de Estado cívico-cristiano-militar en Bolivia, ocasionado por un tweet irresponsable del Secretario General de la Organización de Estado Americanos (OEA), Luis Almagro, esta entidad finalmente publicó su Informe titulado: “Análisis de integridad electoral, elecciones generales en el Estado Plurinacional de Bolivia, 20 de 0ctubre de 2019. Informe Final”.

En la coyuntura boliviana actual, constatamos que el 10 de noviembre último se consumó un Golpe de Estado cívico-cristiano-militar promovido por el gobierno de los EEUU.

La autoproclamada gobernante inconstitucional de Bolivia, Jeanine Añez, por su apellido aparenta ser descendiente del Escudo Añez de Sevilla, España.

“Bolivia para Cristo. Nunca más volverá la Pachamama al Palacio”, fue la sentencia triunfalista de Luis Camacho (uno de los principales actores locales visibles del golpe de Estado cívico-cristiano-militar) al imponer la Biblia sobre la bandera criolla boliviana en el hall del Palacio de Gobierno, en la ciudad de La Paz, el 10 de noviembre último.

El reciente golpe de Estado que defenestró al Presidente constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, a simple vista, es una disputa política “resuelta” por la vía de la fuerza, entre blancos (Camacho y Mesa) y aborígenes (Evo Morales y los movimientos indígena campesinos). Pero no lo es del todo.

Con las acciones callejeras violentas en contra de los funcionarios públicos (ante la pasividad o permisividad policial), viralizadas en las redes sociales, adornadas con invocaciones religiosas, lograron desmoralizar al gobierno en pocos días.