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Itzamná Ollantay
Itzamná Ollantay

Nómada quechua. Hijo de la Pachamama. Activista y defensor reflexivo de los derechos humanos y de la Madre Tierra. Abogado, teólogo y antropólogo de formación en la ciencia occidental.

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Con las acciones callejeras violentas en contra de los funcionarios públicos (ante la pasividad o permisividad policial), viralizadas en las redes sociales, adornadas con invocaciones religiosas, lograron desmoralizar al gobierno en pocos días.

El determinismo biológico neoliberal, luego de una década de pausa protocolar, resurge refulgente en Bolivia (cual si fuese el Ave Fénix) desvelando las inmundicias más miserables que habita a la “bolivianidad” de la clase media, y los “patrones” políticos y culturales a los que obedece.

Las reacciones simbólicas y materiales, incluso antes de los resultados finales del reciente proceso electoral boliviano, evidencian que las condiciones ontológicas de la “bolivianidad plurinacional” aún continúan presas del atavismo racista.

El neoliberalismo, como una etapa de la acumulación/especulación del capital por despojo, se fundamenta en la transferencia de bienes comunes y servicios públicos al sector privado, apertura de las fronteras comerciales (para el ingreso de los productos), reducción de las potestades estatales, disminución de la inversión social y precarización laboral.

Cambridge Analytica fue la empresa inglesa que con la “mina datos” de los usuarios norteamericanos de Facebook construyó mensajes digitales, en base a miedos y deseos, y bombardeo a los facebookeros norteamericanos hasta convencerlos que Donald Trump era el “mesías que esperaba Norteamérica y el mundo”.

A principios del presente siglo, la ciudad de La Paz, sede de Gobierno de Bolivia, era insoportable. El hegemónico sistema neoliberal, en menos de dos décadas, había generado una generalizada incertidumbre sociopolítica casi sin precedentes, y la convulsión social nacional, como respuesta, adquiría ribetes apoteósicos.

Si durante la Colonia y la República la comunicación indígena operó para enjaularnos en fronteras política, en busca de las fallidas identidades nacionales. En esta etapa de la era digital, la comunicación indígena, utilizando la tecnología moderna, debe engancharse a la Internet (mientras nos permita esta cárcel de algoritmos) para resignificar las agendas postergadas de nuestros pueblos.

Los Gobiernos de Ecuador, Guatemala y Perú, simultáneamente se encuentra en  una incertidumbre política. Ecuador y Guatemala con los derechos y garantías constitucionales restringidos, sea por Estado de Excepción o Estado de Sitio. En el caso de Perú, con un Congreso de la República
disuelto que ya casi es una tradición política.

El 5 de abril de 1992, el entonces Presidente Alberto Fujimori, el “apoteósico” chinito, disolvió el desprestigiado Congreso de la República del Perú de aquel entonces, bajo el argumento de democratizar el Perú y luchar contra la corrupción.

Cuando el alemán Carl Smihtt, a principios del siglo XX, elaboraba su teoría política sobre “Estado de Excepción”, como una extrema medida para preservar el “bien público”.