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Ricardo Arturo Salgado Bonilla
Ricardo Arturo Salgado Bonilla

Licenciado en Matemática e Investigador Social. Escritor y Analista autodidacta. Colaborador de teleSUR y otros medios digitales. Censurado en su país, Honduras (por medios y por lectores). Actual Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Libertad y Refundación, LIBRE.

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En un país, como Honduras, sometido a un régimen feroz de represión, crimen organizado, impunidad, miseria, y sometimiento a los Estados Unidos, es normal que las personas abriguen la esperanza de que, de repente, surgirá un sujeto político que asuma la dirección de la lucha contra el oprobio.

Por muchas semanas, Honduras ha estado en situación convulsa. Varios muertos y heridos a manos de las fuerzas represivas del estado, presos políticos, militarizado el país, ingreso de militares al campus de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, disparando a los estudiantes.

A lo largo de los años, hemos aprendido a ver los movimientos que hacen las élites y el imperio contra nuestro pueblo. No podemos invocar dogmas, necesitamos método, y además, el insumo vital para cualquier proceso del conocimiento: información. Cuando estas luchando, todas las cosas se vuelven más complicadas, el análisis es una de ellas, ahí, muchas veces nos dejamos arrastrar por nuestras emociones, y los estímulos que envía el enemigo. Aquí tratamos de armar las piezas, para entender mejor lo que hoy sucede en Honduras.

Entender el proceso de lucha en Honduras, es imposible sin ver el contenido de ese “antimelismo”, que, por extensión se convierte en “antimadurismo”, y “antiorteguismo”. Todo esto ha sido la implementación más grande de “domesticación forzosa” de vastos sectores de la sociedad hondureña. Sin embargo, la escalada insurreccional iniciada a finales de abril con las acciones de la Plataforma en Defensa de la Salud y la Educación, muestran la ineficacia de ese monumental despilfarro en tareas de enajenación del régimen.

Allá por 2008, yo me mantenía siempre alejado de la política partidista de Honduras. Prefería seguir adelante, trabajando, apático y “apolítico”, con la misma visión colonizada de que en Honduras “nunca iba a cambiar nada”.

Estamos claros de que el régimen surgido del golpe de Estado, y de los fraudes electorales, especialmente el 2017, nació débil, con anemia profunda. Sus acciones, simplemente han servido para profundizar las contradicciones que lo siguen debilitando. A nivel social, se han cultivado múltiples conflictos, de los que hoy apenas podemos ver a los sectores educación y salud. La plataforma de médicos y maestros, ha librado una lucha excepcional, con el apoyo de todos los grupos sociales y políticos opuestos al régimen. Además, muestra una extraordinaria capacidad de rectificar y adoptar líneas correctivas oportunamente.

Resaltan mas los llevados y traídos casos por narcotráfico contra el jefe de estado, publicados en los medios mas grandes de Estados Unidos, que la naturaleza de las contradicciones internas del país.

Es muy difícil para el régimen golpista hondureño, esconder la enorme conflictividad social que existe en el pais, ni controlar diversos frentes que se aproximan al punto de crisis. Los efectos del neoliberalismo  impuesto a partir del Golpe de Estado, más la colombianizacion del país, ha ido erosionando la posibilidad de control del que gozaron por diez años, gracias al apoyo descarado de Estados Unidos, que mantiene a Honduras dentro de un “círculo vicioso” de sus “países sicarios”, al lado de Israel y la misma Colombia.

Muchas veces elaboramos nuestros juicios apegándonos lo más posible al rigor científico. Normalmente, no aparecen en ellos las anécdotas, los relatos de protagonistas o testigos, tampoco medimos el peso de estos en una determinada coyuntura. Esos relatos, que vuelan en la tradición oral, y la típica expresión “me lo contó alguien que tiene porque saberlo”, pueden explicar, en parte, la dimensión de acontecimientos que nosotros apenas percibimos.

¿Bajo que parámetros es Maduro un dictador? Ganó sus elecciones con mayoría; las leyes de su país permiten su mandato. Los programas sociales de su gobierno son los más avanzados en América Latina; tanto así que aun bajo el asedio incesante, y la descarada guerra económica, las estadísticas internacionales siguen manteniendo a Venezuela por el encima de la media en el continente.